Enfoque de las Escrituras:
Éxodo 17:12 (NVI) - Cuando a Moisés se le cansaron las manos, tomaron una piedra, la pusieron debajo de él y se sentó sobre ella. Aarón y Hur le sostuvieron las manos, uno a un lado y el otro al otro, para que se mantuvieran firmes hasta la puesta del sol.
Dios nos ha creado y posicionado de manera única para realizar ciertas tareas que solo nosotros podemos llevar a cabo. Y a menudo, lo sorprendente no es el llamado en sí, sino esto: Él nunca quiso que lo realizáramos con nuestras propias fuerzas.
Los israelitas estaban en batalla contra los amalecitas, y Dios le encomendó a Moisés una misión singular. Mientras Moisés mantuviera sus manos alzadas hacia el cielo, Israel prevalecería en la lucha. Era su deber; nadie podía ocupar su lugar. Pero sus manos se cansaron, como nos sucede a nosotros en medio de cualquier situación importante, y no pudo mantenerlas en alto por sí solo.
La buena noticia es que no tuvo que hacerlo. Aarón y Hur estaban a su lado. Le pusieron una piedra para que se sentara y se colocaron a ambos lados, sujetándole las manos con firmeza hasta que se puso el sol. Moisés siguió haciendo lo que Dios le había encomendado, pero lo hizo sostenido por dos personas que habían subido la colina con él.
Este es el regalo de compartir la vida con otros. No pueden ocupar nuestro lugar, pero cuando nos sentimos cansados, pueden estar a nuestro lado y sostenernos, y nosotros podemos hacer lo mismo por ellos. Juntos somos más firmes que solos.
Tal vez anhelas tener personas así y aún no las tienes. Vale la pena llevar ese anhelo directamente a Dios. Puedes pedirle que te envíe personas que te acompañen. Es una oración que con gusto responderá.
Ninguno de nosotros está destinado a levantar los brazos solo. Así es como Dios suele impulsarnos en aquello a lo que nos ha llamado: no fortaleciéndonos por nosotros mismos, sino poniendo personas a nuestro lado.
Desafío semanal:
Piensa en alguien que esté haciendo algo a lo que Dios lo ha llamado y cuyos brazos se sientan cansados. Acércate esta semana, ora por esa persona, acompáñala y ayúdala a levantar los brazos. Y si tus propios brazos están cansados, deja que alguien haga lo mismo por ti.