A veces no hay nada como la pura Palabra de Dios. Cuando nos sentimos desanimados, agotados o desilusionados, las palabras de las Escrituras son poderosas para reconducirnos a la verdad de Dios y a nuestra verdadera condición de hijos amados.
Efesios 5:26-27 nos dice que Jesús nos lava con Su Palabra para “santificarnos, habiéndonos purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha” (RVR1960).
Desafío semanal
Dedica unos minutos hoy a leer estos versículos de las Escrituras y deja que te laven como agua, purificándote, absorbiéndote y refrescándote. Intenta leerlos en voz alta. ¡Imagina a los miembros de la Nube de Testigos y a Jesús mismo declarándolos sobre ti! ¡Luego, observa cómo te sientes después!
“Por eso, desde el día que oímos hablar de ustedes, no hemos cesado de orar por ustedes, pidiendo que sean llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, 10 para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, dando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios; 11 fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad, con gozo; 12 dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz. 13 Él nos ha librado del poder de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su amado Hijo,14 en quien tenemos redención, el perdón de pecados.” – Colosenses 1: 9-14, ESV